Pili y Pepico nos invitaron a conocer Águilas. Nos quedábamos a dormir en su casa en Calabardina. Por cosas de la vida, era la primera vez que compartía con mis amigas de siempre la experiencia de viajar y lo único que puedo decir de esos días son cosas buenas.
Llegamos tarde, muy tarde, tanto que cené un bocadillo en el coche de camino. Tanto y con tantas prisas que me dejé todas las botellas que habíamos comprado en casa, tanto que fuimos a por una colchoneta hinchable a Los Alcázares justo antes de ir a Águilas, tanto que una vez llegadas, arregladas y tras unos tintos, decidimos ir a la discoteca Tuareg a las 1000.
